Neuro Riqueza: El secreto de pensar en abundancia

El mundo global nos lleva a pensar que la libertad del individuo pasa por la libertad económica.

George Foster y Oscar Lewis han mantenido que hasta cierto punto, la cultura de la pobreza constituye una respuesta racional a unas condiciones objetivas de impotencia y pobreza. Pero también afirman que una vez surge, la cultura de la pobreza suele perpetuarse pasando de padres a hijos, con lo cual las nuevas generaciones no están psicológicamente preparadas para aprovechar todas las oportunidades de progreso que puedan aparecer en el transcurso de sus vidas.

Según Jürguen Klaric, considerado entre los 10 mercadólogos más influentes del mundo y escritor de dos best sellers de edición Planeta, nos habla del cambio que debemos dar de una mentalidad pobre (aquella que nos llega por herencia) a una mentalidad rica en una búsqueda por la prosperidad del individuo.

mente mediocre

El miedo al dinero

A veces las circunstancias de nuestra vida nos hacen identificar el dinero en experiencias negativas, lo que se traduce en un significado negativo para ti. En consecuencia, tu cerebro traduce las cosas por lo que significan, no por lo que valen. Es probable que conozcamos alguna persona decir:”el dinero es una mierda”. Cuando existen problemas de herencias, matrimonios rotos, negocios arruinados, etc.

Esta sensación negativa generada del dinero, hace que conformemos esa mentalidad de pobre. Finalmente construimos un parapeto que nos aisla de esa sensación y nos llenamos de excusas que confluyen hacia la falta de dinero. Por ejemplo, “no pude estudiar porque no tengo dinero”. El paradigma de los padres que decían si estudias, tendrás un buen trabajo y ganarás dinero. Hizo flaco favor a los nuevos jóvenes insertados en un mercado laboral mucho más competitivo.

Los mayores empresarios de éxito a nivel internacional como Amancio Ortega o Mark Zukenberg…no obtuvieron un título académico, por circunstancias no terminaron su carrera y abandonaron en búsqueda de la prosperidad. Por lo que las excusas nos llevan a conformar la mentalidad del miedo, la mente de pobre.

Cultura inconsciente genética

Según Klaric, la cultura generacional se transfiere por genética. El de dónde vienes, quién te tuvo y cómo te criaron sea parte de tu adn. Existe un estudio de gemelos separados al nacer llevados a familias con culturas diferentes, religión… y tras pasar los años, analizar el comportamiento de ambos y tener códigos idénticos a pesar de no estar unidos en sus años de crianza por cada uno de sus padres.

Cultura Adquirida

Se trata de aquella que conforma tu visión del mundo a través de los aspectos latentes en tu vida a través de:

  • Religión. Engrandece al pobre y acusa al rico. Se piensa que un pobre da todo lo que tiene y forma parte de su carácter de supervivencia. Lo que tienes, te vendrá del prójimo. Sin embargo, una mentalidad rica no espera nada de nadie, si quiere lo da y sino no. No hablamos de moralidad, ni lo que hace que uno se convierta en mejor o peor persona. Pero eso son los principios católicos sobre lo que se sustenta nuestra cultura.
  • Perceptos Culturales. La envidia. Una mentalidad pobre cree que si una persona tiene éxito o tiene muchos bienes algo malo habrá hecho. Narco seguro. No nos alegramos por el dinero de los demás. Te enseña que ser rico, es ser mala persona. En una cultura pobre decir que eres un ambicioso es un insulto, no es un halago. Sin embargo, en EEUU es un virtud, porque pertenecen a una cultura rica.
  • Perceptos Históricos

Si eres rico, hay desgracia. Nos remontamos a hechos pasados donde el dinero nos generó una mala experiencia.

  • Perceptos Sociales

Hay personas que les ha tocado la lotería varias veces, porque persiguen el dinero. Sin embargo, en 6 meses lo pierden. No creen en la libertad que te produce una buena vida, viven el hoy. Una mente de rico atrae la energía, vive tranquilo y es generoso cuando lo desea. No es aplaudido igual un rico que dona sumas de dinero enormes a una organización a un pobre que con sus ahorros decide colaborar con una causa. El rico socialmente está mal visto, no cae bien.

Aceptar lo que soy

El curso de neuro riqueza que nos ofrece Jurguen nos anuncia que el primer paso para cambiar la actitud es aceptar lo que soy. A partir de aquí nos muestra unas preguntas que nos debemos hacer para superar nuestra condición e ir hacia la mentalidad de abundancia.

  1. ¿Qué soy? ¿De dónde vengo? Asume tu identidad.
  2. ¿El dinero compra felicidad? Si tu respuesta primera es no, sigues pensando con mentalidad pobre. Todo empieza por uno. Complacer a tu familia con un viaje genial. Porque compras felicidad con dinero y consigues sonrisas, ilusión. No vamos al aspecto material, nos vamos a lo que significa al poder optar a cosas que con una mentalidad pobre tú solo limitas tu libertad.
  3. ¿Sientes admiración por una persona de éxito? ¿Piensas qué hizo él para estar ahí? Cree en el crecimiento personal y profesional.
  4. ¿Sino compartes era mala persona? La mentalidad pobre ha aprendido que compartir es lo que hay que hacer para sobrevivir por su cultura. Pero el millonario le da igual sino ofrece nada porque enseña a ser próspero en la vida. Cambiemos el significado de lo que vale, por lo que significa: amor, ayuda, liderazgo. Eso es  ser próspero.
  5. Piensa…¿cuándo el dinero te hizo daño? Hay algo más allá que el dinero. Arriesgar todo el dinero por un fin. Ganar un dinero y perderlo. Problemas por herencia. Cuando el dinero hace que una relación se tambalee.

Mientras más me deshago de mi mente pobre, más rico me hago en actitud, por lo que afrontaré las situaciones de la vida con otra visión. Esta es la premisa que nos queda…Y tú,

¿tienes mentalidad pobre o rica? ¿Crees que nuestra cultura está preparada para este cambio? ¿es posible que haya mentalidad pobre, hace que haya mentalidad rica (2 mundos)?

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Domicilio fiscal o padrón ¿Diferencias? Sí.

¿Qué entendemos por domicilio fiscal?

Tratándose de una persona física, lo normal es que el domicilio fiscal coincida con el domicilio habitual o familiar. Pero puede ocurrir, tal como se dispone en el apartado segundo del artículo 48 de la Ley General Tributaria, que por el desempeño de determinadas funciones, se pueda considerar domicilio fiscal otro diferente del habitual, siempre con conocimiento previo de la Administración.

Este criterio puede modificarse por la Administración para las personas que desarrollen principalmente actividades económicas. En estos casos se puede considerar que su domicilio es el lugar dónde esté centralizada la gestión administrativa y la dirección de las actividades.

¿Deben coincidir domicilio fiscal y lugar de empadronamiento?

Aunque para muchos pueda resultar una cuestión baladí, lo cierto es que se trata de una pregunta bastante recurrente para miles de contribuyentes. Hoy en día no es extraño que domicilio fiscal y padrón sean diferentes y que por lo tanto surjan dudas respecto a donde hacer la declaración de la renta, pero ¿Es esto correcto?

En principio y según la ley, domicilio fiscal y padrón no tienen por qué coincidir, aunque lo lógico es que lo hagan. Esto es lo que se desprende, entre otras, de una Sentencia del Tribunal Supremo del 9 de octubre de 2001, según la cual “el Padrón de habitantes y el Registro a efectos tributarios de domicilios fiscales son registros administrativos independientes y no intercomunicados automáticamente, de modo que el cambio de domicilio efectuado por una persona en el Padrón de habitantes, por sí solo, no supone un cambio coetáneo y paralelo del domicilio fiscal, ni tampoco sustituye a la declaración tributaria expresa”.

Sin embargo, es relativamente sencillo contravenir esta disposición y bastaría con argumentar que lo lógico es que domicilio fiscal y domicilio de empadronamiento sean el mismo si tenemos en cuenta que la Ley de IRPF define al primero como “del lugar de localización del obligado tributario en sus relacione con la Administración Tributarias” y en el caso de las personas físicas, su domicilio fiscal ser “será el de su residencia habitual. No obstante, si ejerce principalmente una actividad económica, la Administración podrá considerar como domicilio fiscal aquel en el que se realice la gestión administrativa y dirección de la actividad, teniendo en cuenta que, de no poderse determinar el lugar, prevalecerá aquel donde radique el mayor valor del inmovilizado en que se realice la actividad”.

El problema radica en que la Ley de Empadronamiento obliga a empadronarse en el municipio donde se reside y, en caso de haber varios, en el que se pasa la mayor parte del tiempo. De ahí que padrón y domicilio fiscal suelan coincidir aunque a efectos legales no tengan por qué hacerlo.

Si cambio de de residencia…¿tengo que comunicar el cambio ante Hacienda o ante el Ayuntamiento?

Existe la obligación de comunicar los cambios que se produzcan en el domicilio fiscal, no surtiendo efectos dichos cambios si no se comunican a todas las administraciones afectadas. El cambio de domicilio fiscal no producirá efectos frente al Organismo Autónomo de Recaudación hasta que se cumpla con dicho deber de comunicación.

Cuando no se haya declarado el cambio de domicilio, se estimará subsistente a todos sus efectos, incluso al de notificaciones, el último declarado o el consignado por el mismo en cualquier documento de naturaleza tributaria.

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Tengo una vivienda de mi propiedad donde tengo mi domicilio habitual; sin embargo por diferentes motivos estoy empadronado en otra localidad, ¿cuál es el domicilio fiscal que debo declarar ante el OAR?

Según el Tribunal Supremo, el domicilio fiscal no es lo mismo que el domicilio a efectos de empadronamiento; el domicilio que tendría validez es el que se haya comunicado expresamente (por escrito) al OAR; este debería responder a la realidad y ser el de residencia habitual del interesado.

El problema en este punto, es el doble rasero de Hacienda al usar o no el padrón como medio de prueba válido u obviarlo.

Y es que en los casos donde la AEAT sale perjudicada sí tiene en cuenta el padrón, algo que no hace cuando es el ciudadano el beneficiado. Lo mejor es verlo a través de dos ejemplos: Juan se mudó a su casa en 2010 pero no cambió el padrón, aunque sí su domicilio fiscal, y empezó a deducir por su vivienda, en la que efectivamente residía. Pasados tres años Hacienda le reclama la devolución de las deducciones porque considera que su vivienda no es la habitual. El problema o la prueba que aporta la Agencia Tributaria es que no está empadronado. Juan presenta los papeles de la compra de la casa, así como los del consumo eléctrico y otros recibos domiciliados. Hacienda se remite de nuevo al padrón para mantener su decisión y seguir exigiendo la devolución de las cantidades desgravadas hasta la fecha.

Por el contrario, Pedro compró una casa en 2010 en Toledo en la que reside habitualmente entre semana pero que no pisa tan a menudo como quisiera por motivos laborales. Los fines de semana suele pasarlos en Madrid. Él sí hizo el papeleo correspondiente para empadronarse por cuestiones médicas. Pasados tres años Hacienda le reclama la devolución de las cantidades desgravadas al estimar que no reside en la vivienda. Pedro presenta el padrón, pero Hacienda alega que el consumo eléctrico es muy bajo y que por lo tanto la casa está deshabitada. ¿Ves ahora la diferencia de criterio al valorar el padrón como elemento para determinar el domicilio fiscal?

El problema es que Hacienda suele ser poco dada a aceptar alegaciones y cambiar su versión inicial, por lo que la vía para solventar la cuestión suele terminar siendo la de los tribunales. Al final, la justicia te acabará dando la razón, pero hasta entonces es posible que debas plegarte a las exigencias de la Agencia Tributaria.

Fuentes: